Se entiende por convalecencia el estado por el que pasa un
individuo desde el momento en que se le considera curado de una
enfermedad, una intoxicación o una herida, hasta la completa
desaparición de todas las consecuencias de estos procesos.
La convalecencia empieza, por consiguiente, con la cesación
de los fenómenos esenciales y característicos de
la enfermedad, v.gr., con la consolidación en las
fracturas, el cierre de las heridas, o la desaparición
de los fenómenos típicos en un envenenamiento,
y termina cuando el organismo ha recobrado el estado de salud
anterior. Si ésta no se recobra por completo, el término
de la convalecencia es relativo, y da lugar en este caso a grados
mayores o menores de invalidez.
Es claro que no pueden comprenderse a partir de este concepto
ciertos estados patológicos que la complicarían
o interrumpirían, como, por ejemplo, los recidivas de
una enfermedad, los nuevos padecimientos o los que se llaman
consecutivos (estrecheces blenorrágicas, endocarditis
reumáticas, nefritis después de una enfermedad
infecciosa y neurosis por shock), puesto que éstos
tienen su propia patogenia, tratamiento y pronóstico.
Durante la convalecencia ha de ponerse un cuidado muy especial
en evitar esas complicaciones. Tampoco debe comprenderse en el
concepto estricto de convalecencia la lenta desaparición
de ciertos trastornos locales consecutivos a lesiones traumáticas,
v.gr., contracturas.
La convalecencia en su verdadero sentido debe considerarse
como un estado de agotamiento curable consecutivo a las alteraciones
orgánicas pasadas. Según la naturaleza de la causa
morbosa y el curso de la enfermedad, aquélla variará;
a la vez, son también muy distintas las indicaciones terapéuticas.
En las enfermedades de curso leve y rápido, que apenas
dan lugar a trastornos manifiestos, no es necesario tratamiento
en este periodo, sobre todo si el médico está convencido
de que tampoco ha de sobrevenir ningún peligro oculto.
La convalecencia de las enfermedades infecciosas es una de las
que requieren mayores cuidados.
Los músculos, especialmente el miocardio, quedan más
débiles cuanto más fuerte y persistente ha sido
la fiebre. Algunas enfermedades infecciosas, aun cuando hayan
evolucionado de un modo al parecer leve, dejan tras de sí,
con mucha frecuencia, una debilidad muscular y cardiaca muy acentuada.
Durante la convalecencia de estos casos el individuo debe observar
una vida metódica y sujetarse a un tratamiento, como si
se tratara de una enfermedad grave. En los casos de gran debilidad
debe recomendarse reposo en cama y permanencia al aire libre.
En algunas cardiopatías cualquier esfuerzo físico,
en el que los pacientes se entregan con facilidad y se olvidan
de su estado, puede producir trastornos graves como la insuficiencia
cardiaca aguda. Poco a poco y con una vigilancia médica
continua, se harán ejercicios metódicos de gimnasia
activa y pasiva, acompañados de algunas sesiones de masaje.
Esta gimnasia debe conducir gradualmente a la actividad ordinaria
del individuo.
El agotamiento nervioso, aunado a la debilidad cardiaca y
muscular, en uno de los elementos del conjunto sintomático
de la convalecencia, necesita también medidas terapéuticas
especiales. Poco a poco debe conducirse la función psíquica
a su independencia y actividad ordinaria; al principio, aun las
conversaciones indiferentes y las lecturas más sencillas
resultan excesivas porque excitan al enfermo. Es muy conveniente
que descansen horas. En los casos en que no sea posible conciliar
el sueño espontáneamente, se ordenarán baños
prolongados de temperatura media y, si fuese necesario, se prescribirá
algún ansiolítico.
La alimentación constituye un punto esencial en el
tratamiento de la convalecencia. Su disminución durante
la enfermedad se manifiesta claramente en ésta por su
debilidad. Para el restablecimiento de la química orgánica
es conveniente prescribir una dieta tonificante, pero esto con
sumo cuidado, puesto que a la mayor necesidad de alimentos se
contrapone la función debilitada y, por tanto, la mayor
vulnerabilidad de los órganos digestivos. La alimentación
de un convaleciente debe tener las siguientes características:
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