Son
lesiones quísticas, de origen linfático que se presentan
en la región cervical lateral. Se cree que son causados por una
falla congénita de los brotes linfáticos primordiales para
establecer drenaje en el sistema venoso. Entre un 50 y un 65% están
presentes al nacimiento y 80 a 90% de ellos, son diagnosticados antes
del segundo año de vida. Su incidencia reportada es de 1 por 12.000
recién nacidos.
Tienden a desarrollarse en íntimo contacto con grandes venas
y conductos linfáticos. Así, un 75% aparecen en el cuello,
20% en la axila y el resto, en mediastino, retroperitoneo, pelvis o región
inguinal. Se presentan en una relación de 2:1 en el lado izquierdo
con respecto al derecho del cuello, probablemente porque el conducto toráxico
ingresa a la vena subclavia por la izquierda. A pesar de que están
secuestrados del resto del sistema linfático, son cavidades multiloculares
revestidas de celulas endoteliales que continúan produciendo líquido
linfático. De esa manera su crecimiento va de gradual a rápido
con compresión o desplazamiento de estructuras adyacentes.
Al examen físico los higromas aparecen como masas quísticas
blandas, móviles, no sensibles, preferentemente ubicados en el
triángulo posterior del cuello. Su tamaño puede variar desde
algunos milímetros a varios centímetros de diámetro.
Pueden ser transiluminados con una fuente luminosa. Cuando se infectan
se presentan con signos inflamatorios.
Estas lesiones crecen en proporción al crecimiento del niño,
pero puede observarse crecimiento rápido como resultado de trauma,
infección o hemorragia dentro del quiste. El compromiso respiratorio
es la complicación más importante que puede ocurrir, por
compresión extrínseca de la vía aérea. Las
lesiones que comprometen la lengua o se extienden hacia el mediastino
pueden presentarse con estridor, cianosis, apneas o disfagia con problemas
de crecimiento del niño.
El diagnóstico se confirma con ultrasonido, que revela la naturaleza
quística del higroma. En lesiones extensas y con compromiso importante
de estructuras vitales es más útil la tomografía
computada con medio de contraste intravenoso.
El tratamiento de elección es la extirpación quirúrgica,
pero ésta puede ser muy laboriosa en lesiones extensas y no exenta
de riesgos sobretodo por las secuelas de tipo neurológico. Por
ello se han intentado tratamientos con sustancias esclerosantes, anteriormente
bleomicina y en la actualidad OK-432 con un éxito considerable
respecto a la regresión de los quistes.

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